En 1971 Esther Vilar escribió un sonado y controvertido libro, El varón domado, que cuestionaba las tesis victimistas del movimiento feminista, aduciendo que la mujer era la gran beneficiaria del orden social: un parásito del hombre, una prostituta monógama, sin inteligencia, espiritualidad ni ideales, pero eficacísima para conseguir su objetivo, el hombre que la mantuviera. Ella misma explica que escribió su ensayo como un airado panfleto contra el movimiento feminista que monopolizaba la opinión en aquellos días, y ciertamente no escatima estacazos: